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Las Raguette

Poco se sabe acerca de Las Raguette, dos hermanas francesas que llegaron a Madrid a principios del siglo XX, instalando su Maison Madame Raguette de alta costura en la calle Bárbara de Braganza 2. Eran famosas, en la época de la Reina Victoria, por las colas que les hacían a las damas para sus vestidos de noche. Cosían colecciones pero no se especializaron en novias. Hicieron algunos vestidos de novia para la aristocracia y la clase acomodada hasta mediados de los años 70, década en la que los nombres que se oían eran los de Balenciaga, Pedro Rodríguez, Herrero y Ollero o Brizo. Para mi sorpresa, en la novela “El tiempo entre costuras” de María Dueñas, se las menciona como uno de los talleres madrileños en activo en los años 40 (para los interesados ver las páginas 704-706 del libro)

Mi madre tuvo la fortuna de conocerlas y de ser de las últimas novias para las que cosieron, ya que se casó en 1975, y por entonces ya eran muy mayores. Cuenta que su espectacular taller era un salón al más puro estilo parisino (muebles en blanco lacados, vitrinas, alfombras de nudo,lámparas de cristal de bohemia,flores frescas en el salón de pruebas,etc), que tenían muy buena facha y que utilizaban encajes franceses y telas de primerísima calidad. Las colas de las novias las bordaban.Todo esto tenía un precio,claro.

En la primera visita te miraban y estudiaban (como anécdota recuerda que le dijeron que tenía nombre de novela), te probaban un toile y te hacían el vestido que a ellas les parecía que era perfecto para ti, y nunca se equivocaban, tenían mucho gusto. Recuerda el momento en que iba al taller a hacerse las pruebas -tiene grabada la imagen de una de las hermanas con un vestido azul marino y un bastón, acompañada de una ayudante-.Como tenían por costumbre,el día de la boda fueron a su casa a vestirle y mandaron a la Iglesia de Santa Bárbara a una oficiala para que le colocara la cola en todo momento.

El vestido de mi madre era una joya de encaje de Chantilly hecho a mano. Eran 3 vestidos en 1: 3 capas de seda, organza y chantilly que todavía se pregunta cómo lograron montarlo. Le aconsejaron llevar sólo tul con un moño bajo y hasta el ramo de flores que combinaba a la perfección con su creación: sólo 3 orquídeas auténticas en cascada, que mi padre le regaló de la floristería “La Gardenia” en la calle Marqués de Urquijo, y recuerda que le costó  la friolera de 3.200 pesetas de aquella época.

¿No es maravilloso? A mí no me puede gustar más  y si me hubiera dejado (no quiere tocarlo ni “destrozarlo”), a lo mejor me hubiera casado con él o aprovechado parte para hacer el mío, aunque todo hay que decirlo: era el vestido perfecto para ella y era la novia más fina, elegante y guapa que he visto nunca… Y si no ¡que se lo pregunten a mi padre!

Dedicado a la mejor madre. Suena a tópico pero es la pura verdad.

Imagen con derechos. Prohibida su reproducción.

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